Rural Accomodation CASERIA MARÍA SOPEÑA

Alojamiento Rural CASERIA MARÍA SOPEÑAThree cozy houses with garret, make up this splendid structure Asturian farmhouse situated in Pruneda, 52, Nava, Asturias Read more...

Rural Accomodation CUYAR

Casa Rural CUYARRural Traditional Accommodation over 200 years of history, was once a typical farmhouse in rural Asturias situda in La Villa, S / N, Espinaredo, Piloña, Asturias.
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rural4.com , Cuyar y Casería María Sopeña, casas rurales en Asturias, Oriente y Comarca de la Sidra ( Espinaredo y Pruneda )

Sabemos que los asentamientos humanos empiezan a ser más estables después de que el hombre domine la agricultura. Una de las razones principales del abandono del nomadismo es la localización y gestión de un espacio útil que ofrezca varias posibilidades para la supervivencia: refugio en el que guarecerse, pastos que ofrecer a los animales, bosque para cazar y recolectar y abundante agua. Es entonces cuando, primero, familias y después grupos de familias van adoptando una actitud sedentaria que les llevará al levantamiento de edificios y al cultivo de la tierra. La ubicación de las viviendas, cuadras y graneros dependerá de varios factores. En la parroquia de Cuenya el poblamiento tiende a ser concentrado (núcleo compacto de edificios próximos los unos a los otros) aunque no se carece de ejemplos característicos de lo que se ha dado en llamar poblamiento disperso, muy extendido en la Comunidad asturiana. Así, en Pruneda, por ejemplo, reconocemos diferentes barrios o pequeños grupos de construcciones con diferentes usos.
También sabemos que los primeros colonos de la parroquia tuvieron que aclarar el bosque preexistente sin llegar, en ningún caso, a desprenderse de él. Cultivaron en los espacios contiguos a los pueblos e incluso, dentro de ellos, y dejaron el suelo sin cultivar para los espacios más alejados, antes de encontrarse con el bosque. Pero nada de esto nos permite intuir qué población es más antigua ni a qué fechas se remontan los tiempos, ya no de su fundación, sino del momento en que la población empezó a instalarse aquí. Teniendo en cuenta que la sede parroquial se halla en Cuenya podemos suponer que allí comenzó todo, en una ladera poco pronunciada de solana, flanqueada por dos pequeños cursos de agua y con facilidades en el terreno para su explotación. Aunque sin excavaciones arqueológicas realizadas que esbocen la evolución histórica de estos pueblos únicamente podemos recurrir a la escasa bibliografía sobre el tema o a la interpretación del paisaje actual que incluye retazos de épocas anteriores.
Tampoco podemos averiguar si contamos con restos de edificios que aclaren el inicial lugar fundacional. Todo esto ha sido presa del pasado, en gran medida ya olvidado. Podemos volver a tomar el edificio de la iglesia como referencia o analizar minuciosamente los hórreos pero sólo nos remontaríamos a unas décadas atrás o como mucho a unos pocos siglos. Los actuales templos de la parroquia son mucho más recientes que la llegada de aquellos nuestros ancestros. Incluso hay que apuntar que las capillas fueron instaladas en los pueblos dependientes de la sede parroquial después de que existiera una necesidad imperiosa de hacerlo, es decir, a partir del momento en que la población aumenta y los fieles se multiplican. Hasta entonces una sola iglesia era suficiente para todos. Por tanto, a priori, sólo el emplazamiento y parte del caserío de las poblaciones se muestra como huella objetiva de los tiempos pasados.
Con la llegada a la zona de nuevos pobladores el suelo comienza a tener una mayor presión debido a la necesidad de producir alimentos y, consecuentemente, se amplían las zonas laborables y el territorio se hace más complejo. Aún y así, a día de hoy presuponemos que la organización del espacio humanizado en lo que hoy llamamos la parroquia de Cuenya no varió mucho desde el siglo XII hasta finales del XVIII: núcleo central (caserío), tierras de labor y bosque. Es decir que podemos reconocer a ese tipo de paisaje como un paisaje “histórico” en el sentido en que es el paisaje que crearon nuestros antepasados y mantuvieron durante varios siglos hasta tal punto de considerarlo como un patrimonio. En palabras de John Brinckerhoff Jackson, un paisaje autóctono.
En nuestros días el territorio ha modificado su configuración ligeramente y su paisaje ya no es obviamente el mismo que vieron nuestros tatarabuelos pero sí es cierto que muchos de los elementos y rasgos de aquel paisaje histórico se mantienen en el que tenemos en la actualidad.
Tenemos tierras de labor junto a las viviendas, justo a continuación grandes parcelas a las que se les presupone una relación directa con los espacios de pastos o cultivos comunales de las comunidades medievales, contamos también con pastos cercados de más reciente creación y bosque de repoblación con especies alóctonas que han sustituido al bosque caducifolio original. Todo ello es muestra de la pervivencia de abundantes retazos del llamado paisaje autóctono, el que la mayor parte de nuestros antepasados vieron y el que más tiempo ha permanecido casi invariable desde que la Naturaleza se despojara de su aspecto original.
Por si fuera poco se conserva una red de caminos y accesos rurales que, aunque ya muy modificada por la concentraciones parcelarias y la política agraria comunitaria (PAC), es heredera de la original, todavía visible cuando está relacionada con ciertas actividades, algunas de ellas ya desaparecidas como la molienda, la siega o el cultivo de maíz.

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